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viernes, 14 de julio de 2017

La playa

A raiz de leer el post ¿Cómo es ir con mi hijo con autismo a la playa? del blog Madre reciente he recordado como era ir a la playa con Miguel. Ahora pienso todo lo que ha evolucionado y creo necesario compartirlo para dar esperanza a otra gente, que seguro tiene tantas dificultades como teníamos nosotros.
Cuando Miguel era pequeño era genial, porque él gozaba con la arena, le encantaba cambiarla de sitio, así que llenaba un cubo aquí y lo vacíaba allá, una y otra vez, y así disfrutaba, se remojaba en la orilla y volvía a llenar el cubo para vaciarlo unos metros más allá. Ir a la playa era bastante relajado, tanto como lo que permitía ir con tres niños pequeños, ya os imagináis ni sentarte, con mil ojos en los tres, haciendo castillos, montañas, agujeros y todo lo imaginable con la arena, pero quiero destacar que el autismo de Miguel no lo hacía más complicado.

Cuando creció un poco y mejoró en natación, ya no le gustaba hacer pie, así que solo buscaba lo hondo. En las piscinas genial pero en el mar era un peligro. Tuve que dejar de ir sola a la playa con los niños, porque no tenía manos para Miguel y para la pequeña, él era una sardinilla que se revolvía y se escapaba. Tenía fijación con que le cubriese el agua y no atendía a órdenes de ningún tipo.

Íbamos de vez en cuando la familia entera, y mi marido se ponía en plan portero de futbol donde a Miguel le cubría por el pecho y no le dejaba ir más hondo, PROHIBIDO! A veces nos turnábamos pero casi siempre se ponía él porque tenía más fuerza para sujetarlo, con 8 o 9 años ya era un chico grande y como tenía tan claro lo que quería, solo pretendía conseguirlo y derribaba casi cualquier frontera. Costó años conseguirlo pero lo aprendió :-)

Por otra parte sus juegos con la arena cambiaron un poco, Miguel adoraba los cubos y las palas, pero quería los de los demás, yo llevaba de todos los tamaños y colores, nuevos, viejos..., pero él quería otros, los que estaban alrededor nuestro, así que se dedicaba a robar cubos y palas, y yo por detrás negociando con los niños, "¿se lo cambias un rato por este? Es que el tuyo le encanta" Todo esto por supuesto pisando todas las toallas posibles, con las protestas lógicas de sus dueños. Así que nos pasábamos el rato disculpándonos o peleando en el agua.

Recuerdo aquellos momentos como duros, ir a la playa es un estrés, nunca sabías qué podía pasar, Miguel acaparaba mucha atención y para sus hermanos seguro que también era complicado. Por otra parte siempre he sido muy independiente y como mi marido trabajaba muchas horas, yo sola iba a un sitio y a otro y el limitarme así y dejar sin playa a sus hermanos me hacía sentir impotente.

Fue pasando el tiempo y encontró la afición de la tabla, le encanta coger las olas y dejarse arrastrar hasta la orilla, esto facilitó mucho que no se fuera a lo hondo, porque el rompeolas está más en la orilla. Poco a poco y sin darnos cuenta el portero que os comentaba dejó de ser necesario. Miguel empezó a disfrutar la playa de otra manera.
También no se ni cuando ni porqué decidió que sus cubos eran los mejores y dejó de robarlos, esto fue otra gran ventaja. A veces las cosas suceden así, los chicos maduran y cambian algunas conductas sin apenas darte cuenta, por eso es tan importante siempre echar la vista atrás y ver todo lo vivido y avanzado.

Ahora para ir a la playa él necesita sus cubos y su tabla. Sigue siendo sardinilla pero no se mete más allá de la cintura, se pasa el rato cogiendo las olas y disfrutando del mar. También le encanta hacer agujeros muy muy hondos, y pasa ratos y ratos cavando, mientras yo converso con mi marido, con mis amigas, leo con toda tranquilidad....  lo que si necesita son horas, no le gusta ir a la playa un ratito, así que cuando voy me lo tomo con mucha calma y es mi relax favorito.


Este año ha encontrado una afición nueva, y es que con tanta tormenta la orilla está llena de cantos rodados, Miguel se pasa los días sacándolas y haciendo montañas de piedras, montañas gigantes de piedras enormes.

Asi que lo que antes era una actividad estresante para la familia, hace unos años que ya pasó a ser una de las actividades favoritas de Miguel y de sus padres. Tenemos la suerte de vivir en una ciudad al lado del mar, lo que nos permite ir muy a menudo durante el verano, incluso buscar playas poco concurridas, donde sea fácil verlo y darle toda la libertad para disfrutar del mar a sus anchas.





jueves, 9 de junio de 2011

Golf


Durante el segundo trimestre de este año hemos empezado una actividad nueva, se trata de Golf Adaptado. Nos enteramos de que quedaba una vacante y la solicitamos. Se trata de un club de Golf muy cerquita de Valencia en el que llevan un programa de Golf Adaptado al que acceden niños con diferentes diversidades. La actividad en si está muy bien, el ambiente es muy relajado, enseñan a los niños las nociones básicas del golf y se lo pasan estupendamente haciendo diferentes golpes.
Una ventaja de este club es que está justo al lado del aeropuerto y constantemente aterrizan y despegan aviones, lo tomo como ventaja porque a Miguel le encantan, le sirve de motivación para mantenerse atento, de vía de escape ya que mirarlos le relaja mucho y también para acudir al golf con más ganas.
Esta actividad como cualquier otra, le aporta diferentes aprendizajes, además de aprender la tarea concreta de jugar al golf, le sirve a nivel social porque comparte la tarea con otros niños y con varios monitores, a veces sin darnos cuenta, limitamos la vida social de nuestros chicos y esta es una oportunidad para que no sea así. En el club, Miguel se relaciona principalmente con su monitor, pero en ocasiones tiene que relacionarse con otras personas, si hacen algo por turnos tiene que saber detrás de quien va, si otro monitor le dice algo, él debe responder... Otra ventaja que veo a esta actividades es que debe trabajar un montón de cosas, la atención es muy importante y no es muy complicado trabajarla por el ambiente tranquilo que hay, tiene que mejorar su coordinación óculo-manual, debe mirar a donde quiere tirar, debe calcular la fuerza con la que hace el golpe, debe conocer las posturas adecuadas, dependiendo de la distancia se colocará de una manera o de otra... En fin qué es una actividad diferente que me ha sorprendido gratamente, porque no pensé que Miguel pudiera participar y además pasarlo tan bien. Siempre procuro no ponerle límites a Miguel, pero sigo comprobando que lo hago inconscientemente, cuando me hablaron de esta actividad pensé "¡¡uy, no es para Miguel!!" sin embargo, ahí está, dándome lecciones día a día.

sábado, 6 de septiembre de 2008

Juego

Todos sabemos la importancia que tiene el juego en la educación de cualquier niño, en los nuestros también, aunque hemos de saber que para las personas con autismo es complicado. Algunos niños con autismo no demuestran ningún interés hacia el juego ni hacia los juguetes, en ocasiones cogen apego a algún objeto que puede ser un juguete, pero se limitan a llevarlo con ellos, no lo usan para jugar. Es importante intervenir en ese aspecto e intentar despertar interés hacia el juego. Debemos iniciar el juego funcional lo antes posible. Por juego funcional entendemos el que demuestra que conocemos la función social de ese objeto. Por ejemplo, con un coche, el juego funcional adecuado sería hacerlo rodar, se diferencia del juego simbólico porque éste es más elaborado, más adelante explico el juego simbólico y sus dificultades. Un juego habitual en los niños con autismo, pero que no es funcional es coger el coche, darle la vuelta y girar las ruedas. Este podría ser un juego de exploración adecuado para un niño de 9 meses que investiga y explora, pero que su propia evolución hará que siga avanzando. Sin embargo nuestros niños, se enganchan a este tipo de juego y no evolucionan, sí varían un poco su exploración pero es demasiado rígida, hacen girar las ruedas con distintos dedos, miran las ruedas desde distintos angulos, las giran despacio y deprisa, etc. En el método TEACCH nos dicen que hay que enseñar a jugar a los niños, muchos niños aprenden antes a trabajar que a jugar, a seguir instrucciones que a crear su juego, por eso nos insisten en que "el trabajo es juego y el juego es trabajo". El juego debe estar incluido en los objetivos a trabajar con nuestros niños.
El más complejo es el juego simbólico, en el que la capacidad de representación ya debe estar presente, supone asignar identidades a muñecos, imaginar carreteras para los coches, utilizar un palito como cuchara para comer algo invisible, etc, Todo esto les supone una gran dificultad, por eso con nuestros niños hay que ir poco a poco, planteándose metas más a corto plazo, y no debemos esperar a que ellos solos aprendan a jugar.